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ADIVINANZAS DE COSTURA Y PLANCHA

Las soluciones están escritas con tinta invisible al pie de cada adivinanza. Para poder verlas tienes que pasar el ratón con el botón izquierdo apretado. Pero antes de leer la respuesta... ¡piensa un poco!



Soy pequeña y afilada
y pincho con mis puntadas.

Pica, picando,
colita arrastrando.

Con la punta picotea
y con la cola tironea.

De mi ojo cuelga
un hilo largo,
que une las telas
y hace las prendas.

Primero ciega,
luego pincha
y todo une
mientras camina.

Soy alta y delgada,
tengo un ojo,
hago vestidos
y no me los pongo.

Con la punta pincha,
con el culo aprieta
y con lo que queda
tapará la grieta.

Tamaño como una arista
y hace que el Rey se vista.

Con «A» empieza mi nombre,
de las damas soy querido,
si me prenden voy seguro,
y, si me sueltan, perdido.

Verde fue mi nacimiento
y amarillo fue mi abril;
tuve que ponerme blanco
para poderte servir.

Siempre de mí dicen algo,
aunque muy humilde soy;
no soy señor y me tratan,
con la nobleza del don.

Pequeños, redondos, con agujeritos,
valemos muy poco, solos o juntitos,
mas de nosotros depende
el buen vestir de la gente.

Si bien empiezo con bo,
no soy bota ni botijo,
¡bobo, tonto!,
¡qué lo he dicho!

Dientes por fuera,
lengua colgando
que sube y baja
de vez en cuando.

Una señora, muy aseñorada,
tiene muchos dientes
y se cose a puntadas.

Don dedín tiene un sombrero
para no hacerse agujeros.

Vengo al mundo a trabajar,
y tengo tan mala suerte,
que todos me pinchan el culo,
y yo no me puedo quejar.

Pecoso de viruelas es el zagal
y trepa en lo más alto para ayudar.

Tan largo como un camino,
proviene de vegetal,
y a pesar de su extensión,
en un cesto puede estar.
Y lo es, y lo es
y no me lo adivinas
en un mes.

Largo, largo, como un camino
y cabe en un «pucherino».

Una cosa
que no es cosa
y lo es.

Dama da,
dama deja,
y no se queja
de lo que deja.

Tengo pie y no tengo boca,
hilo meto, hilo asomo,
tengo dientes y no como.

Locomotora no soy,
mas cuando con vapor voy,
dejo muy alisado
si me usan con cuidado.

Por dondequiera que fui
lo arrugado atropellé
y en todas partes dejé
memoria lisa de mí.

Un pie grave, ardiente y plano,
va dejando el campo llano
y, al pasar, su calentura
va dejando en la llanura.

¿Quién es esa señora,
que tiene la propiedad,
de estirar bien lo arrugado
y de arrugar lo estirado,
con igual facilidad?

Cuando pasa
¡cómo pisa!,
deja rasa
la camisa.

Cuando me caliento hasta los talones
aliso camisas y pantalones.

Te la digo, te la digo,
te la vuelvo a repetir;
te la digo veinte veces
y no me la sabes decir.

Cuanto más largas
más cortas,
cuanto más cortas
más largas.

Seguro que en tu casa está
si no lo sabes no importa.
Pero ¿qué cosa será
que cuanto más larga más corta?

Pico sin tener enojos
y, sin nacer, soy de corte,
pero muchos, con arrojos,
los dedos, viendo mi porte,
me los meten por los ojos.

Dos hermanas diligentes
que caminan al compás,
con el pico por delante
y los ojos por detrás.

Yo con mi hermana gemela
andamos siempre al compás,
con la boca por delante
y los ojos por detrás.

Dos compañeras,
van al compás,
con los pies delante
y los ojos detrás.
© El huevo de chocolate


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