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ADIVINANZAS SOBRE LA NATURALEZA II

Las soluciones están escritas con tinta invisible al pie de cada adivinanza. Para poder verlas tienes que pasar el ratón con el botón izquierdo apretado. Pero antes de leer la respuesta... ¡piensa un poco!


No soy estación del Metro
ni soy estación del tren,
pero soy una estación
donde mil flores se ven.
Cuatro puntos son
y para distinguirlos
necesitamos del sol.
Nicanor tenía un barco
y con él surcaba el río;
¿era este un barco pequeño
o este era un gran navío?
Lee despacio, Encarnación,
y hallarás la solución.
Tengo lecho
y no me acuesto
tengo curso
sin ser maestro.
Kilómetros mido,
hectolitros llevo,
kilovatios doy,
hectáreas mantengo.
Nazco y muero sin cesar;
sigo no obstante existiendo,
y, sin salir de mi lecho,
me encuentro siempre corriendo.
Desde el día en que nací,
corro y corro sin cesar:
corro de noche y de día
hasta llegar a la mar.
Sin vacación en sus cursos,
al principio son pequeños,
suelen nacer en montañas
y morir de marineros.
Como una peonza
da vueltas al sol,
gira que gira,
sin tener motor.
Girando toda su vida,
toda su vida girando
y no aprendió a ser más rápida
da una vuelta y tarda un día,
da otra vuelta y tarda un año.
Soy una bola grandota,
que gira constantemente,
y que desea saber,
dónde meter tanta gente.
Si ya sabes quien soy yo
eres muy inteligente.
Es una enorme naranja
pero de zumo salado,
los gajos se le suponen
entre un par de meridianos.
Retumban los tambores
con ecos tremendos
y chispas fugaces;
cae agua a raudales.
Bramido a bramido,
antes de las tormentas
todos lo hemos oído.
Aparece por delante,
por los lados, por la espalda,
te descuidas un instante
y te levanta la falda.
¿Qué cosa es aquella
que te da en la cara
y no puedes verla;
que empuja sin manos
y hace andar sin ruedas;
que muge sin boca
y marcha sin piernas?
Rompe y no tiene manos,
corre y no tiene pies,
sopla y no tiene boca,
¿Qué te parece que es?
Vuela sin alas,
silba sin boca,
azota sin manos
y tú ni lo ves ni lo tocas.
Mandome Dios que volase,
y obedecile veloz,
y así, por doquier que pase,
canta sus glorias mi voz.
¿Qué es, qué es,
que te da en la cara
y no lo ves?
© El huevo de chocolate


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