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ADIVINANZAS DE ROPA Y VESTUARIO II

Las soluciones están escritas con tinta invisible al pie de cada adivinanza. Para poder verlas tienes que pasar el ratón con el botón izquierdo apretado. Pero antes de leer la respuesta... ¡piensa un poco!



Puedes llevarlo en el pelo
y, a veces, en los zapatos,
se coloca en la cintura
y en el rabo de los gatos.
Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar,
el que mi nombre acierte
sólo dirá la mitad.
Resuélveme este dilema:
«soy una, pero soy media».
De día, morcilla;
de noche, tripilla
Aunque las adornamos a ellas
cuando no tenemos carreras,
la gente tiene manía
de no llamarnos enteras.
Dos buenas piernas tenemos
y no podemos andar,
pero el hombre sin nosotros
no se puede presentar.
Para salir a la esquina
ponte pan en el talón y camina.
En tus manos estoy limpio,
en tus ventanas me ensucio,
si sucio, me ponen limpio,
si limpio, me ponen sucio.
Ahí vienen dos:
uno se moja
y el otro no.
Con varillas me sostengo
y con la lluvia voy y vengo.
El mismo camino andamos,
ni nos vemos, ni nos encontramos.
Destacan en las orejas
creyéndose independientes,
van casi siempre en parejas.
Nuestra dueña nos coloca
uno a cada lado,
siempre pendientes,
siempre colgados.
Se pone para dormir,
aunque no es un camisón,
puede ser de lana, seda o algodón.
Por la noche me lo pongo,
por el día me lo quito
y en la siesta lo uso un poquito.
Santa con nombre de flor,
y, a pesar de este retrato,
me confunden con zapato.
Alto y más alto,
redondo como un plato,
negro como la pez,
¿a que no me lo aciertas en un mes?
Una copa redonda y negra,
boca arriba está vacía,
boca abajo está llena.
Tamaño de una cazuela,
tiene alas y no vuela.
Tengo copa y no soy árbol,
tengo alas y no soy pájaro;
protejo del sol a mi amo,
en invierno y en verano.
Me pisas y no me quejo,
me cepillas si me mancho,
y con mi hermano gemelo
bajo tu cama descanso.
Me lleváis,
me traéis,
y si sois nuevos
quizás me mordéis.
No me utilizan los patos
mas me llevan de apellido,
con «Z» empieza mi nombre,
¡y ya el resto es pan comido!
Dos hermanitos muy igualitos,
en llegando a viejecitos
abren los ojitos.
De día llenos de carne,
de noche con la boca al aire.
Pisados, siempre en el suelo,
recibiendo malos tratos,
y sin señales de duelo.
© El huevo de chocolate


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