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FÁBULAS DE SAMANIEGO

EL LEÓN Y LA ZORRA

¡Soy el rey León!

Un León, en otro tiempo poderoso,
ya viejo y achacoso,
en vano perseguía hambriento y fiero,
al mamón becerrito y al cordero
que, trepando por áspera montaña,
huían libremente de su saña.

Afligido del hambre a par de muerte,
discurrió su remedio de esta suerte:
Hace correr la voz de que se hallaba
enfermo en su palacio y deseaba
ser de los animales visitado.

Acudieron algunos de contado;
mas como el grave mal que le postraba
era un hambre voraz, tan sólo usaba 
la receta exquisita 
de engullirse al monsieur de la visita.

Acércase la Zorra de callada, 
y a la puerta asomada, 
atisba muy despacio 
la entrada de aquel cóncavo palacio.

El León la divisa, y al momento
le dice: «¡Ven acá, pues que me siento
en el último instante de mi vida!
Visítame como otros, mi querida».

«¿Cómo otros? ¡Ah, señor; he conocido
que entraron, sí, pero que no han salido!
¡Mirad, mirad la huella!
¡Bien claro lo dice ella,
y no es bueno el entrar do no se sale!»

La prudente cautela mucho vale.

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